Murió en una clínica odontológica en Quito: cuando la mala praxis deja de ser error y se vuelve responsabilidad
- José Ignacio Miranda Cifuentes

- 9 abr
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 30 abr
Ir al odontólogo no es un riesgo.
No es una decisión peligrosa.
No es algo que deba salir mal.
Por eso este caso rompe algo básico:
la idea de que hay lugares donde uno está seguro.
Un hombre de 37 años entró a una clínica odontológica en Quito.
No salió.

Fue por un tratamiento común.
Endodoncia.
Limpieza.
Un implante.
Nada extraordinario.
Nada que justifique pensar en la muerte.
Pero en algún punto se tomó una decisión que lo cambia todo:
anestesia general.
Y ahí deja de ser un procedimiento rutinario.
Y empieza a ser un problema jurídico.
El punto clave: el riesgo permitido
En medicina, no todo resultado adverso es negligencia.
Pero tampoco todo riesgo está permitido.
Ese límite tiene nombre:
la lex artis.
La lex artis es el estándar que define cómo debe actuar un profesional de la salud en un caso concreto, según el conocimiento científico disponible, los protocolos aplicables y las condiciones reales en las que interviene.
No es una regla abstracta.
Es un criterio técnico.
No evalúa el resultado.
Evalúa la conducta.
Por eso, la pregunta correcta no es qué salió mal.
Es otra:
si esa decisión —usar anestesia general— era médicamente correcta en ese contexto.
Porque si introduces un riesgo mayor sin justificación clínica clara,
el problema no es el desenlace.
Es la decisión.
Cuando aparece la negligencia
La negligencia no es equivocarse.
Es desviarse del estándar.
Aparece cuando:
se asume un riesgo innecesario
se actúa sin condiciones de seguridad
no se prevé una complicación previsible
Y aquí el punto es incómodo:
la anestesia general no es neutra.
Es una intervención de alto riesgo.
En procedimientos como estos, la regla es otra:
anestesia local.
Entonces la pregunta ya no es médica.
Es jurídica:
¿ese riesgo estaba justificado?
El segundo quiebre: la capacidad de respuesta
Dos horas después, el paciente sufrió un paro cardiorrespiratorio.
Murió en la clínica.
Pero en Derecho, la muerte no es el punto de partida.
Lo es el escenario en el que ocurre.
En medicina hay una regla básica:
quien asume un riesgo, debe poder manejarlo.
Si puedes sedar, debes poder reanimar.
Si se confirma que:
no había insumos
se buscaron medicamentos
se esperó una ambulancia
entonces el problema no es la emergencia.
Es que nunca se estuvo preparado para ella.
Y eso no es un error.
Es apartarse de la lex artis.
Historia clínica y consentimiento: donde empieza la responsabilidad
En estos casos siempre aparece lo mismo:
un consentimiento firmado.
Pero firmar no siempre es comprender.
Y aceptar no legitima cualquier decisión.
El consentimiento informado no es un papel.
Es un proceso.
Debe:
explicar riesgos reales
justificar la elección médica
dejar constancia de comprensión
Y aquí surge otra pregunta clave:
¿se explicó el riesgo real de una anestesia general en un procedimiento de rutina?
Lo mismo ocurre con la historia clínica.
No es un trámite.
Es la reconstrucción del acto médico.
Cuando es incompleta, inconsistente o improvisada,
no solo debilita la defensa.
Puede evidenciar que la decisión nunca estuvo bien construida.
El punto crítico: el nexo causal
No toda muerte genera responsabilidad.
Incluso si hay un error, debe probarse algo más:
el nexo causal.
Es decir:
que la conducta del profesional provocó el resultado.
Aquí la discusión será técnica:
si la decisión de usar anestesia general,
y las condiciones en que se aplicó,
fueron la causa del desenlace.
Ahí se define todo.
El problema que viene antes
La clínica fue clausurada.
No por la muerte.
Por irregularidades previas.
Eso cambia el análisis.
Porque el problema no empieza en la emergencia.
Empieza antes.
En la falta de control.
Este caso no trata solo de medicina.
Trata de límites.
De hasta dónde puede llegar una intervención médica.
De qué riesgos son aceptables.
De cuándo una decisión deja de ser técnica y se vuelve riesgosa.
Y sobre todo, trata de algo más incómodo:
la confianza.
Nadie entra a una clínica pensando en sobrevivir.
Entra pensando que no hay nada que temer.
Cuando eso falla,
el problema deja de ser individual.
Se vuelve estructural.
El punto final
No toda muerte es delito.
Pero no todo riesgo está permitido.
Y cuando el riesgo nunca debió existir,
la muerte deja de ser un accidente.
Y empieza a ser responsabilidad.



Comentarios